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Contra la esperanza

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Eduardo Marisca | 10 Apr 2022

 
Lawrence Alma-Tadema, "Pandora" (1881).
Lawrence Alma-Tadema, "Pandora" (1881).

Pandora

En Los trabajos y los días, el poeta griego Hesíodo cuenta la historia de Pandora. Zeus, padre de todos los dioses, se encontraba indignado porque Prometeo, el primer hombre, había cometido la osadía de robarse el fuego y regalárselo a sus hermanos. En represalia, Zeus ordena a Hefesto que esculpa a una hermosa mujer, Pandora, y la entrega como regalo a Epimeteo, el hermano de Prometeo.
Lo que ocurre a continuaci√≥n es ampliamente conocido: Pandora destapa sin querer una urna en la que estaban encerrados todos los males y las maldiciones que hasta ese momento los hombres desconoc√≠an, y solo alcanza a cerrar la urna cuando quedaba nada m√°s que una que no hab√≠a logrado escapar: la esperanza. Dando lugar as√≠ a una cantidad incontable de carteles motivacionales y seminarios de autoayuda que contienen o celebran, de una manera u otra, esta idea de que ‚Äúla esperanza es lo √ļltimo que se pierde‚ÄĚ.
La historia se suele contar en un tono optimista, como si el habernos quedado con la esperanza en nuestras manos fuera un desenlace positivo. Pero el mito amerita un an√°lisis m√°s profundo: ¬Ņpor qu√© estar√≠a la esperanza incluida entre una colecci√≥n de males y maldiciones con los que los dioses quer√≠an condenar a la humanidad, si no era ella tambi√©n un mal? Y si se trataba de un mal, ¬Ņqu√© debemos inferir del hecho de que la esperanza permaneci√≥ en las manos de los hombres? Si aceptamos que la esperanza es lo √ļltimo que se pierde, ¬Ņeso es algo bueno, o algo malo?
La palabra¬†esperanza¬†est√° cargada positivamente: se trata de la expectativa de que algo bueno pasar√°. Pero la palabra griega en el poema original,¬†Elpis¬†es un poco m√°s neutral: se traduce com√ļnmente apenas como ‚Äúexpectativa‚ÄĚ. La expectativa de que ma√Īana saldr√° el sol, de que la variante omicron saturar√° los sistemas de salud, de que el 2022 ser√° mejor o de que el cambio clim√°tico acabar√° con todos nosotros.¬†Elpis¬†aplica perfectamente a cualquiera de estos escenarios: no es la expectativa de que algo bueno pasar√°, sino solamente de que¬†algo pasar√°, como cuando una pieza de m√ļsica de John Williams te hace entender que un tibur√≥n en el agua est√°s m√°s o menos a punto de comerse a alguien.
Quiz√°s el mito de Pandora no era, como normalmente escogemos creer, una suerte de consuelo, de que ante todos los males que recorren el mundo tenemos siempre de nuestro lado a la esperanza para hacerles frente. Quiz√°s se trate justamente de todo lo contrario: la esperanza es ella misma un mal, y al quedar atrapada en las manos de los hombres, es adem√°s el √ļnico mal certero. Mientras que los otros males y maldiciones deambulan por ah√≠ y puede que nos los crucemos como puede que no, la esperanza es la √ļnica maldici√≥n que queda firmemente en nuestras manos.
Quiz√°s pensar que ‚Äúla esperanza es lo √ļltimo que se pierde‚ÄĚ sea, en realidad, la m√°s grande de las maldiciones.

Progreso

Durante la mayor parte de nuestra historia, la idea de que el futuro sería mejor que el presente era más bien una excepción. En la Europa medieval, por ejemplo, no era raro encontrar la creencia de que las mejores épocas estaban en el pasado. De que el Imperio Romano había representado alguna forma de cumbre de la civilización, y que todo lo que había venido después eran simplemente ecos de esa gloria perdida.
No es dif√≠cil tampoco imaginar por qu√©: all√≠ donde en el pasado hab√≠a existido una entidad pol√≠tica que hab√≠a aportado unidad y coherencia, incluso hasta un sentido de prop√≥sito a la vida cotidiana, ahora exist√≠an solamente feudos inconexos y lealtades locales sin mayor sentido de trascendencia, pertenencia, o crecimiento. La promesa del Imperio estaba enterrada bajo las cenizas de una Roma devastada. En este nuevo orden mundial, cada uno bailaba con su propio pa√Īuelo como mejor pod√≠a.
La Muerte Negra no puede haber mejorado mucho esa situaci√≥n: durante d√©cadas, la √ļnica realidad m√°s o menos cotidiana para la mayor√≠a de europeos era la de la muerte. Rodeados de tal nivel de devastaci√≥n y sin ning√ļn tipo de auxilio divino o terrenal, lo √ļnico m√°s o menos razonable a lo que entregarse era la desesperanza.
Peter Brueghel El Viejo, "El triunfo de la muerte".
Peter Brueghel El Viejo, "El triunfo de la muerte".
La idea del progreso, de que el futuro puede ser y muy probablemente ser√° mejor que el presente, es una idea eminentemente moderna, una consecuencia del Renacimiento y del Humanismo. Esta confianza ciega en la idea de que participamos de un progreso que fluye casi inexorablemente hacia¬†adelante¬†adquiere con el tiempo dos formas filos√≥ficas altamente sofisticadas. La primera de ellas se encuentra en la filosof√≠a dial√©ctica de Hegel, que ve√≠a que la historia no era otra cosa sino el registro del progreso de la Raz√≥n a trav√©s del tiempo. Historia y progreso iban de la mano con el triunfo de la raz√≥n: la consagraci√≥n de la hegemon√≠a de los humanos racionales por encima de la naturaleza (y luego, inevitablemente, por encima de los humanos considerados como menos-racionales). En un¬†plot twist¬†no del todo inesperable, Hegel consideraba que el cl√≠max de este tr√°nsito de la Raz√≥n a trav√©s del mundo era nada m√°s, y nada menos, y nada m√°s que Napole√≥n Bonaparte ‚ÄĒ de quien famosamente sentenci√≥, ‚Äúah√≠ va la Raz√≥n a caballo‚ÄĚ. Esta interpretaci√≥n dial√©ctica del progreso en la historia es la misma que luego se encontrar√≠a en el coraz√≥n del marxismo, que m√°s bien busc√≥ anclar ese progreso en la base materialista de la lucha de clases: en otras palabras, para Marx el progreso podr√≠a medirse de la misma manera, pero prestando atenci√≥n a c√≥mo a trav√©s del tiempo la organizaci√≥n de la producci√≥n tend√≠a a ser cada vez m√°s igualitaria.
Adolph Northen, "El retiro de Napoleón de Rusia".
Adolph Northen, "El retiro de Napoleón de Rusia".
La segunda de ellas puede encontrarse en el positivismo cient√≠fico ‚ÄĒ que, a pesar de lo que muchas personas piensan, no tiene nada que ver con ninguna forma de optimismo o de que ‚Äús√≠ se puede‚ÄĚ. El positivismo cient√≠fico del siglo XIX pensaba que la ciencia nos estaba ofreciendo una comprensi√≥n cada vez m√°s perfecta del universo, basada en hechos medibles y no en conjeturas o especulaciones. Esta comprensi√≥n, a su vez, permit√≠a formular predicciones con un grado cada vez m√°s alto de confiabilidad. Para los positivistas entonces resultaba natural pensar que esta comprensi√≥n del mundo cada vez m√°s perfecta flu√≠a en una sola direcci√≥n: que ella representaba en s√≠ misma una forma de progreso, y que ese progreso solo pod√≠a traducirse en mejores comprensiones y mejores predicciones. Quiz√°s el mejor resumen de ese esp√≠ritu pueda encontrarse en una especulaci√≥n de Pierre-Simon Laplace, que imaginaba la posibilidad de un intelecto capaz de conocer todos los estadios previos del mundo, y a partir de ese conocimiento poder inferir todos los estadios posteriores ‚ÄĒ un intelecto para el que no existir√≠a incertidumbre alguna.
Alg√ļn d√≠a, pensaban, podremos explicarlo todo. No habr√° m√°s que armon√≠a, ser√° clara la aurora y alegre el manantial.
Y entonces llegó el siglo XX.

Promesa

Incluso en el mundo de hoy uno puede encontrar personas que a√ļn participan de este esp√≠ritu. Que ven el mundo a su alrededor y encuentran razones para mantenerse optimistas. Y ni siquiera me refiero a los gur√ļs new age ni a los instructores de spinning: me refiero a personas que se dan el trabajo de observar la data y llegar a la conclusi√≥n de que el presente es, en efecto, mejor que el pasado.
Una de los voces m√°s fuertes en este campo es la del psic√≥logo cognitivo Steven Pinker, quien defiende sobre todo la idea de que al observar la data es posible constatar un declive sostenido en el uso de la violencia a trav√©s de la historia, que atribuye entre otras cosas a la formaci√≥n de los Estados-naci√≥n, el crecimiento del comercio global, y la expansi√≥n de la idea de un cierto cosmopolitanismo. En otras palabras, Pinker considera que a trav√©s de la historia los incentivos para ejercer la violencia han disminuido, mientras que las motivaciones para no hacerlo han ido aumentando sostenidamente ‚ÄĒ y que estas transformaciones han resultado en niveles cada vez m√°s bajos del ejercicio de la violencia.
Otra perspectiva optimista es la del estadístico y médico Hans Rossling, quien también defendía la idea de que cuando uno prestaba atención de manera detallada a la data podía constatar de que el mundo, en muchos sentidos, estaba mejorando. Rossling atribuía la percepción de que el mundo pudiera estar empeorando a la desinformación, y a una tendencia catastrofista de los medios de comunicación por contar malas noticias y desinformar en lugar de mostrar los datos de cómo el mundo estaba cambiando. Rossling (que falleció en el 2017) se resistía a ser categorizado como un optimista, argumentando más bien que su posición era simplemente abogar por que las personas miraran la data, y no solamente el intercambio de percepciones y opiniones.
Hay varios elementos comunes a ambos, y a otras perspectivas similares. El primero es este recurso plenamente comprensible a mirar la data ‚ÄĒ algo que es, por supuesto, completamente razonable. Pero tambi√©n es cierto que la data nunca pinta la figura completa: la data siempre es recogida por personas con sus propios sesgos, analizada bajo diferentes supuestos, y en general siempre hay que recordar que la data no es la realidad en el mismo sentido que el mapa no es el territorio. Pero sobre todo: la data no nos dice nada determinante sobre el futuro. Es cierto que nos puede ayudar a hacer proyecciones y ciertas predicciones, pero hasta ah√≠ m√°s o menos llega la cosa. No existe data sobre los acontecimientos impredecibles que podr√≠an cambiarlo todo de manera inesperada, y si hay algo que se manifiesta de manera impredecible y totalmente inesperada eso suele ser la conducta humana.
Ambos coinciden tambi√©n en esta idea de que, debajo de todas las capas de pesimismo, podemos afirmar que hay cosas que est√°n mejorando. De que hay alg√ļn tipo de progreso. ¬°Qu√© maravilloso! Pero, ¬Ņqu√© significa eso? O m√°s a√ļn: ¬Ņes¬†esto¬†lo mejor que podemos hacer? ¬ŅEsto¬†es el cumplimiento de esa promesa moderna, racional, de que el mundo puede ser mejor? A casi dos a√Īos de haber estallado una pandemia, cuando estamos contempl√°ndonos pr√°cticamente en el punto de no retorno de la crisis clim√°tica, cuando estamos descubriendo a nuestro alrededor un abanico de formas nuevas de desigualdad, colapso democr√°tico y extremismo pol√≠tico, ¬Ņse supone que este es el progreso hacia el que est√°bamos apuntando?
Cuestionar la idea de progreso no es lo mismo que afirmar que no hay cosas buenas. Las vacunas contra el COVID-19 son todas algo bueno. El decrecimiento global en la tasa de mortalidad infantil es algo bueno. El concierto Tiny Desk de C Tangana es algo bueno. Decir que quiz√°s el mundo que estamos construyendo no sea el mejor de los mundos posibles no quiere decir que en ese mundo no pasen cosas buenas, como efectivamente pasan todo el tiempo.
Solo quiere decir que tenemos que mirar a nuestro alrededor, mirar todo lo que está pasando, y preguntarnos con la mano al pecho si esto es lo mejor que podríamos estar haciendo. Puede que sí, que uno vea la data y las tendencias hablen de un mundo que mejora consistentemente. Puede que eso sea verdadero en papel. Pero también puede ser que nuestra experiencia subjetiva del mundo no refleje ese progreso, puede ser que alrededor del mundo el promedio de bienestar que vemos en el papel no se vea reflejado en una realidad a la que todos podemos tener acceso por igual.
S√≠, es posible que alguien en alg√ļn lugar est√© disfrutando de todo este progreso, que est√© realmente cosechando los beneficios de todo lo que la raz√≥n y la historia nos han brindado durante los √ļltimos siglos y sientan, en su vida cotidiana, que todo est√° bien, que todo est√° consistente e inobjetablemente¬†mejor. O como lo puso mejor Franz Kafka: ‚Äúhay esperanza, pero no es para nosotros‚ÄĚ.

Pandemia

Escribi este ensayo mientras esperaba el resultado de una prueba PCR para detectar la presencia del COVID-19. Una prueba PCR¬†m√°s, en un a√Īo en el que mis fosas nasales y la parte de atr√°s de mi garganta han sido flageladas repetida y consistentemente, y como cada vez que lo han sido me encontr√© a m√≠ mismo esperando ansiosamente la llegada de un archivo PDF que determinar√≠a mi destino. Una vez m√°s, el eterno retorno de lo mismo.
Dos a√Īos despu√©s este ciclo parece no acabarse ‚ÄĒ y cuando parece acabarse, parece empezar todo de nuevo. Una nueva variante, una nueva letra del alfabeto griego, una nueva ola de contagios, un nuevo pico de ansiedad, y as√≠ se pasan los trabajos y los d√≠as. No puedo evitar preguntarme si as√≠ se sent√≠an las personas durante la Muerte Negra, o durante la Gran Guerra. Como dicen los memes, ya estuvo bueno esto de estar viviendo un acontecimiento hist√≥rico. Paren el mundo que me quiero bajar. Porfis.
Cuando acab√≥ el 2020, cerramos el a√Īo con la esperanza de que el a√Īo siguiente ser√≠a mejor. Y en algunos sentidos lo fue. Y en otros sentidos, bueno, seguimos aqu√≠ y el mundo se sigue cayendo a pedazos, y cerramos un nuevo a√Īo y de nuevo nos aferramos a esa esperanza humilde, a esa promesa de que bueno, ahora quiz√°s s√≠, quiz√°s el pr√≥ximo a√Īo s√≠ sea mejor.
Y quiz√°s el problema realmente no sea el a√Īo, ni el omicron, quiz√°s el problema sea la esperanza misma. Ese reflejo que tenemos de aferrarnos a la idea de que todo volver√° a estar bien. Que si aguantamos un poquito m√°s, estaremos bien.
¬ŅPero qu√© garant√≠a tenemos realmente de que estaremos bien?
El problema de la esperanza es que m√°s que aferrarnos al futuro, nos aferramos al pasado. Nos amarra a la nostalgia. La esperanza por que todo pase no nos deja seguir hacia adelante, no nos deja despedirnos de un mundo que se incendia por todos lados. Nos tiene a la expectativa de que algo pase, a la expectativa de que aparezca algo o alguien para salvarnos.
Cuando dejamos de aferrarnos al pasado, cuando dejamos de aferrarnos a la esperanza, es que nos abrimos realmente a la posibilidad de nuevos futuros. Futuros sobre los que no puede existir forzosamente ninguna garant√≠a. Que no podemos predecir si ser√°n mejores o peores, que si tenemos mucha suerte podremos al menos aprender de los errores del pasado ‚ÄĒ para no repetirlos, o para repetirlos en plena consciencia de las consecuencias de nuestros actos. Julio Cort√°zar escrib√≠a en alg√ļn lugar de¬†Rayuela¬†que ‚Äúnada est√° perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo est√° perdido y que hay que empezar de nuevo‚ÄĚ. La posibilidad de crear un mundo nuevo pasa por la voluntad y la valent√≠a de dejar ir el mundo viejo.
Perder la esperanza de que el mundo en el que vivimos, tal y como existe, encierra las condiciones para resolver sus mayores problemas, es finalmente una invitación a la imaginación y a la creatividad.
Este es el momento dram√°tico en el que revelo que todo este tiempo he mentido. Porque invitar a la imaginaci√≥n y la creatividad es inevitablemente una forma de esperanza. Porque no se puede escapar: la esperanza es el √ļnico mal sobre el que tenemos plena certidumbre, el √ļnico que qued√≥ firmemente en las manos de Pandora. La esperanza es la √ļnica maldici√≥n inescapable.
Les he mentido porque finalmente creo que es imposible renunciar a la esperanza ‚ÄĒ ese es el punto de la historia de Pandora. Pero al menos quiz√°s podemos escoger qu√© forma le damos a esa esperanza para no vernos atrapados por la nostalgia. Para no limitar las posibilidades del futuro porque estamos anclados por la esperanza de volver a un mundo familiar, a un mundo conocido, incluso cuando sabemos que ese mundo arde en llamas de m√ļltiples colores. Tampoco es eso la confianza en el progreso inexorable de la historia: un mundo mejor no va a manifestarse porque s√≠, porque es lo que toca.
Si a algo tendr√≠amos que aferrarnos hacia el final del segundo a√Īo de la peste, es al simple hecho de estar aqu√≠. No ser prisioneros de una esperanza ingenua basada en la nostalgia, ni una fe ciega en que el progreso nos salvar√°. Sino apenas dedicarnos a valorar el hecho tan fundamental de simplemente estar. De explorar en toda la profundidad que podamos la experiencia de ser humanos confundidos y asustados en tiempos que han dejado de tener mucho sentido.
Mientras escribía este texto, me llegó la noticia de la muerte de la escritora Joan Didion, y empecé a ver una misma cita suya repetida en diferentes canales:
No te estoy pidiendo que hagas el mundo mejor, porque no pienso que el progreso sea necesariamente parte del paquete. Solo te estoy pidiendo que vivas en él. No solo que lo resistas, no solo que lo sufras, no solo que pases a través suyo, sino que vivas en el mundo. Que lo observes, que intentes capturar la figura. Que vivas irresponsablemente. Que tomes riesgos. Que hagas tu propio trabajo y te sientas orgulloso de él. Que te apropies del momento.
El PDF con el resultado de mi PCR lleg√≥ eventualmente. El sol volvi√≥ a salir por la ma√Īana. El mundo sigui√≥ ardiendo en llamas. Y d√≠a tras d√≠a trato de dejar ir la esperanza en el progreso, dejar de aferrarme a la nostalgia para poder realmente empezar de nuevo. D√≠a tras d√≠a trato de vivir en el mundo.
A pesar de que no siempre me sale.